En un piso de Madrid, en agosto, el aire no inventa frío. Extrae calor del salón y lo expulsa a la calle. Ese intercambio se llama ciclo de refrigeración por compresión. Lo usan el split de casa, la cámara de un bar y la vitrina de un obrador.
Cuatro pasos, un circuito
El refrigerante circula cerrado. No es «aire de fuera» que entra por un tubo.
- Evaporador (unidad interior). El gas absorbe calor del ambiente. Por eso sale aire más frío por las lamas y se forma condensado: humedad que hay que desaguar.
- Compresor. Sube la presión y la temperatura del gas. Es el corazón del equipo y el que más consume si está sucio, corto de carga o mal dimensionado.
- Condensador (unidad exterior). Suelta el calor a la calle. Si la unidad está tapada, al sol a pleno agosto o llena de pelusa, el ciclo se ahoga.
- Válvula de expansión. Baja la presión para que el refrigerante vuelva a absorber calor dentro. El ciclo se repite.
En invierno: el mismo ciclo, al revés
Un equipo inverter con bomba de calor invierte el flujo. Calienta el interior y expulsa frío fuera. En la meseta, con noches frías y casas poco aisladas, eso importa tanto como el modo frío de julio.
Qué se rompe cuando «no enfría»
Filtro interior sucio, unidad exterior sin paso de aire, falta de gas, o un equipo corto de potencia para los metros y el sol. Antes de cambiar el aparato, un SAT mira eso. El precio de ficha es del equipo; la diagnosis se cotiza.
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